“La raíz es el cerebro de la planta” (Darwin)

“La raíz es el cerebro de la planta” (Darwin)

Si se dispone de un buen sistema de raíces y se le aporta humedad y nutrición óptimas, este enviará señales de tipo hormonal que potenciarán el desarrollo de brotes y frutos. Las principales limitaciones para el adecuado desarrollo de la raíz son físicas y dependerán del manejo del suelo y del agua de riego. Sin embargo, cada vez se dispone de más herramientas químicas y biológicas -y de más información- para mejorar el desarrollo de las raíces. Hoy las principales novedades vienen de la biología gracias al estudio de las interacciones de los microorganismos del suelo y los sistemas radiculares de las plantas. Para este artículo se utilizaron diversos aportes a nuestra revista que han realizado un importante número de especialistas y colaboradores.

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Las raíces o sistemas radiculares de los vegetales son la mitad invisible de las plantas que cultivamos (en ocasiones más). Pese a ser un componente clave para el rendimiento y la calidad de las cosechas, muchas veces no se le presta la debida atención, manejo y cuidado. Estos órganos, así mismo son muy importantes para la sustentabilidad del huerto en el mediano y largo plazo en el caso de frutales leñosos, los que generalmente corresponden a cultivos de alto valor y requieren una importante inversión.

Las raíces cumplen un evidente rol como ancla y soporte mecánico del desarrollo aéreo y además la función crítica de absorber agua y nutrientes. Pero así mismo las raíces son relevantes en muchas especies permanentes como órganos de acumulación de nutrientes de reserva, las que le permitirán a la planta brotar a la siguiente temporada, en el caso de las especies que pierden las hojas, y suplir carencias en situaciones de estrés, como es, por ejemplo, producir una gran cantidad de fruta. Pero eso no es todo,  ya que sus ápices también producen fitohormonas, por ejemplo citoquinina, señal hormonal que sube a estimular el crecimiento de los órganos de la parte aérea de la planta.

Existe una clara correlación entre el crecimiento del follaje y de las raíces en los frutales. La copa provee a la raíz de hidratos de carbono y nutrientes minerales en estado orgánico, vitaminas (Tiamina y Biotina) y fitohormonas, potenciando su desarrollo. La provisión de carbohidratos tiene un gran efecto en el desarrollo de la raíz, que es el órgano más débil en la competencia, en la que el fruto es el sumidero más fuerte. En una planta normal la raíz es al menos igual o de mayor tamaño que la copa. Cuando se altera esta relación en desmedro de la raíz, la sustentabilidad productiva se afecta en el largo plazo.

El desarrollo radicular, en tanto, incide en la productividad y sustentabilidad de los huertos y muchos de los problemas de los frutales se originan en limitaciones o daños en las raíces.

Más allá de su expresión genética determinada, el desarrollo de los sistemas radiculares está condicionado fundamentalmente por cuatro factores: temperatura, humedad, aireación y resistencia mecánica del suelo. Sin embargo, a estos cuatro factores principales se debe añadir las variables biológicas, fitosanitarias en el caso de plagas y enfermedades, pero también la actividad de los llamados microorganismos benéficos del suelo. Estos últimos cobran cada vez mayor importancia agronómica y están concentrando gran cantidad de investigación por su enorme potencial como herramientas de alta tecnología para impulsar el desarrollo sustentable de las raíces de los cultivos.

Entre los microorganismos benéficos del suelo, en algunos casos catalogados como biofertilizantes, se puede mencionar Trichoderma, micorrizas, Rhizobium, Azopirillum, actinobacterias (o Actinomycetes), Bacillus, rizobacterias (ej. Azospirillum y Bradyrhizobium). Dada la novedad y su enorme potencial, más adelante profundizamos en los descubrimientos que se están haciendo en este campo tan promisorio.

De manera más tradicional, a nivel de manejo o de inputs agronómicos, también se puede incidir en el desarrollo radicular mediante la nutrición, por ejemplo con el uso de macroelementos tales como nitrógeno y fósforo, o mediante reguladores de crecimiento -bioreguladores- exógenos. Estos últimos pueden corresponder –en el caso de las raíces- a auxinas naturales, o precursores de estas, extraídas de plantas acuáticas o terrestres, extractos que con frecuencia se mezclan con aminoácidos, macro y micronutrientes, ácidos húmicos y fúlvicos, etc. Análisis moleculares del impacto de los bioestimulantes en las plantas han demostrado que, entre otras cosas, ayudan a las plantas a tolerar estrés biótico y abiótico.

LAS VENTAJAS DE RAÍCES EFICIENTES EN CULTIVOS DE ALTO VALOR

En los cultivos agrícolas de alto valor, como son los frutales leñosos, es fundamental saber exactamente cuándo y cuánto crecen las raíces de modo de ajustar el riego y la fertilización a los momentos de mayor actividad de absorción de nutrientes. Así mismo ese conocimiento se puede utilizar para determinar la fecha del muestreo radicular y conseguir estimaciones de biomasa máxima, y para entender la distribución de carbono y las interacciones competitivas bajo tierra. También se puede utilizar para identificar los factores que limitan el crecimiento radicular de modo de facilitarlo, por ejemplo mejorando la estructura del suelo o afinando la aplicación de agua en cantidad o frecuencia; para potenciar su desarrollo, por ejemplo mediante mezclas bioestimulantes; protegerlo a través de la aplicación de nematicidas o inductores de resistencia sistémica adquirida; etc.

En el caso de las hortalizas se reconoce una relación directa entre la masa radicular y el desarrollo de la parte aérea ya que se ha observado que a mayor masa radicular mayor el grosor del tallo y más capacidad de traslocación, por lo que aumenta el área de las hojas, lo que favorece la fotosíntesis y aumenta el calibre de los frutos. Esa relación directa entre sistema radicular y expresión vegetativa provoca una mayor absorción de agua y nutrientes e incrementa el suplemento hormonal desde la raíz a la parte aérea, lo que favorece el desarrollo foliar y consecuentemente la cantidad de fotoasimilados que pueden irse a los frutos y a la raíz.

Sólo el desarrollo constante de raicillas nuevas asegurará un sistema radicular eficiente. Las raíces más finas son las directamente relacionadas con la absorción de agua y nutrientes, pero en un período de pocas semanas éstas raíces pasan de blancas a marrón claro, hasta llegar a tonos casi negros. Al mismo tiempo, la actividad metabólica decrece a medida que aumenta la pigmentación, alcanzando valores mínimos a las pocas semanas. Por ejemplo, los resultados experimentales indican que en vides la tasa de absorción de nitrógeno (N) de las raíces finas -recién nacidas- declina en un 50% en pocos días.

Las raíces jóvenes pueden captar nutrientes en forma más activa que las raíces viejas, siempre y cuando los recursos no sean limitantes, y la edad de las raíces influye en su eficacia competitiva. La distribución de edad en el conjunto de raíces puede influir en el contenido de N y en la respiración del sistema radicular. Por lo tanto, si las raíces jóvenes son más activas, es importante conocer cuándo se producirá el crecimiento de raíces para apoyar y estimular su máximo desarrollo.

NUTRIENTES QUE ACTUAN COMO BIOESTIMULANTES 

Como veremos, en la actualidad la línea que separa a los nutrientes de los bioestimulantes se hace cada vez más difusa.

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