El trabajo de reconocer y sanar nuestra sombra

El trabajo de reconocer y sanar nuestra sombra (la parte que no nos gusta de nosotros mismos), equivale a cuando nos caemos de la bicicleta y nos raspamos la rodilla. Sabemos y sentimos que allí, debajo del pantalón, hay una herida que duele, pero, mientras no la destapemos, la lavemos con jabón y le pongamos algún antiséptico, no nos daremos la oportunidad de sanarla.

Quizás el proceso sea desagradable o incluso doloroso por un momento, sin embargo, es lo que nos asegurará que sane y que no se infecte y provoque un problema mayor. Durante el proceso de cicatrización, la costra, ese tejido viejo que ya no necesitamos que proteja, se cae cuando el tejido nuevo y sano está listo. Sin embargo, si no somos cuidadosos y nos arrancamos la costra antes de tiempo, nos quedará una cicatriz. Esto equivale a juzgarnos, presionarnos o no ser amorosos con nosotros mismos durante el proceso.

Del mismo modo que sabemos que somos mucho más que una raspada en la rodilla, al trabajar nuestra sombra hay que hacerlo desde el observador que está consciente que es mucho más que la parte que no le gusta de sí mismo. El reconocer, lavar y sanar nuestras heridas emocionales, nos permite darnos la oportunidad para que crezca tejido nuevo….Es, finalmente, un comenzar de nuevo a partir de una vieja historia.

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