La Piedra del Lago. (Reflexión)

LA PIEDRA DEL LAGO

Sentados en un banco de un parque, dos amigos conversaban. Uno le decía al otro:
—Ángel, desde un tiempo a esta parte todo me sale mal. Estoy en un círculo vicioso del que no puedo salir. No sé qué fue primero, pero tengo problemas en el trabajo, al llegar a casa discuto con mi esposa, no trato bien a mis hijos que cada vez están mas rebeldes, y cada día me encuentro peor. Es un infierno, me encuentro incapaz de afrontar todo esto y cada vez va a peor. Me pregunto que más me puede pasar, porque me preocupa que esta espiral no vaya a acabar—. Tristán, —que así se llamaba—, calló por unos segundos para poder deshacer el nudo que se le iba haciendo en la garganta. Tomó aire y prosiguió:
—Mira, Ángel, yo pienso en ti y eres todo lo contrario. La gente te aprecia, todos callan cuando tú empiezas a hablar, tu mujer te adora y eres capaz de cualquier cosa, siempre estás positivo. ¡Todo a tu alrededor es fantástico! Eres un imán para la buena suerte… Ayúdame, Ángel, dime cómo lo haces.
Ángel puso cálidamente su mano sobre el hombro de su amigo y trató de calmarlo con la mirada.
—Amigo Tristán. Tienes que salir de esa espiral, tienes que parar la rueda. Yo no sé si soy el más apropiado para responderte, pero te diré una cosa muy importante: Tú eres la piedra del lago.
Tristán miró fijamente a Ángel, esperando que le explicase qué era eso de la piedra del lago.
—No me mires así, Tristán. Sí, amigo, eres como… bueno, mejor acompáñame.
Ángel se dirigió a la orilla del pequeño lago del parque seguido por Tristán. Al llegar miró hacia el suelo y buscó una piedra, que tomó en su mano. Se dirigió a Tristán y le dijo:
—Tristán, ¿qué ves en el lago? Dime todo lo que ves en él y qué ambiente se respira.
—Bueno, pues veo que el agua está calmada y tranquila, veo unos quince o veinte nenúfares, en uno de ellos hay una rana, algunas libélulas y una familia de cuatro patos, dos ocas y tres cisnes. Lo normal en un lago.
—Bien, Tristán. Vemos un lago tranquilo, sereno, con una familia de patos aparentemente en buena sintonía, una rana cantando feliz, y demás elementos… Pues observa esto.
Ángel dio un paso atrás, echó su brazo con fuerza hacia atrás y lanzó con todas sus fuerzas la piedra justo al centro del lago. La piedra cayó, con estrépito en medio del lago salpicando todo a su alrededor, de inmediato, como si de una onda expansiva se tratase, se crearon círculos alrededor de la zona del impacto. Los nenúfares se tambalearon, la rana huyó despavorida, las libélulas desaparecieron, quizás alguna con el nerviosismo fue víctima de la rana, la familia de patos alzó el vuelo y los cisnes y las ocas se escondieron entre las cañas. La acción de Ángel no solo tuvo consecuencias dentro del lago, sino que a su alrededor las personas que paseaban empezaron a recriminar a Ángel tal acción, propia de un chico travieso, no de un adulto.
—¿Pero qué has hecho, Ángel?
—Te lo voy a explicar, Tristán. El lago es todo lo que te rodea, podemos ver nenúfares que pueden ser familiares y amigos, libélulas que pueden ser vecinos y compañeros de trabajo, la rana que si quieres puede ser tu jefe, la familia de patos que puede ser la tuya misma y las ocas y cisnes que puedes elegir tú mismo su papel. La piedra eres TÚ, Tristán, de tu actitud depende todo tu ecosistema. Has visto cómo esa piedra al caer ha perturbado todo el lago, todos han huido y lo que antes era calma y bienestar se ha transformado en caos y desastre. Imagina que en vez de una piedra hubiésemos echado una pluma, en ese caso no hubiese pasado nada. La piedra y las ondas que produce tienen efectos devastadores.
—Te comprendo, Ángel. Quieres decir que debo de cambiar mi actitud, para que todo cambie a mi alrededor, ¿no es así?
—Así es, amigo. Cuando te levantes, lo primero que debes hacer es besar a tu mujer, da igual lo que pasara ayer, bésala. Después de desayunar sal a la calle para ir a trabajar, camina erguido, con los hombros hacia atrás, la frente alta y con los puños cerrados con confianza en ti mismo, saluda a todas las personas con las que te cruces, el primer día se extrañarán, pero los siguientes días te saludarán sonriendo, si vas en coche a trabajar, no escuches en la radio las noticias, te amargan la vida, escucha una emisora de música. Al llegar a trabajar saluda a todos… ¿Me entiendes, Tristán? Si cambias tu actitud es contagioso, todo a tu alrededor cambiará, todo mejorará.
—Te entiendo, Ángel, soy la piedra del lago, pero a partir de ahora ya no lo seré, seré la pluma. Gracias, amigo, dame un abrazo.

Diego Gallardo

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