Distiéndete y déjate llevar por Dios…
En medio de cualquier batalla, la mejor arma es elevar nuestra mente y nuestro corazón a Dios. Porque es en nuestra mente donde realmente se lleva a cabo la verdadera batalla de la fe, la verdadera «depuración». Puede deducirse, entonces, que aprender a manejar nuestra mente no es tan solo una necesidad, sino también parte de nuestra misión y aprendizaje de esta vida. Es nuestro deber espiritual.
