Cuando no hay odio dentro, no hay enemigos fuera.

A veces el peor ataque que podemos sufrir no viene del exterior, sino de nosotros mismos. En aquellas situaciones donde nos sentimos agredidos por ataques externos, condiciones internas como la rabia, la impotencia y la vergüenza social, es precisamente esto que viene de nosotros mismos lo que nos hace sentir débiles e inseguros, propiciando un caldo de cultivo para que veamos a los otros como enemigos.

Para nuestra estabilidad emocional es fundamental saber reconducir la rabia que estas situaciones nos producen. Saber qué situaciones y circunstancias nos suponen un agravio importante en nuestra vida es crucial para identificar a qué o quién nos enfrentamos.

No cabe duda de que el peor ataque no es el que nos llega desde fuera, sino el que se produce desde dentro provocándonos una autovaloración negativa, que acaba minándonos como personas. Está autovaloración negativa nos convierte en nuestro peor enemigo, ya que nuestro equilibrio emocional depende, en gran medida, de nuestra autoestima.

Deja un comentario