Agradécele a Dios desde que abres los ojos por primera vez por la mañana.

¡AGRADECE A DIOS POR TODO, SIEMPRE!

Agradécele, agradécele, siempre agradécele. Agradécele desde que abres los ojos por primera vez por la mañana (estás vivo y eso ya es un gran regalo, una nueva oportunidad), hasta que los cierras por la noche para poder dormir. En fin, vive agradeciendo continuamente a Dios por todo lo que te pasa, incluidos tus errores, dificultades y desgracias (recuerda, suelen ser grandes lecciones de vida o bendiciones disfrazadas). Y si juzgas que tienes muy poco o nada para agradecer a Dios, entonces agradécele al menos los muchos males que no tienes en la vida.

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