Todo lo que admiramos o rechazamos en otros existe en nuestro interior.

La sombra es todo lo que hemos arrojado al inconsciente por temor a ser rechazados por las personas que desempeñaron un papel determinante en nuestra formación. Temimos perder su afecto decepcionarlas o creándoles malestar a causa de nuestros comportamientos o de algunos aspectos de nuestra personalidad. A temprana edad, aprendimos a distinguir lo que era o no aceptable a sus ojos y para agradarles nos apresuramos a relegar grandes porciones de nosotros mismos a los sótanos del inconsciente, en nuestro afán por eludir la desaprobación de las personas a las que amábamos o de las que dependíamos.

Podríamos decir que todo lo que admiramos o rechazamos en otros existe en nuestro interior. La sombra que todavía no ha sido integrada en la conciencia origina una multitud de proyecciones en las que acusamos a los demás de defectos, cualidades e impulsos que anidan en nuestro interior y que no nos gusta reconocer.

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