DONDE SEA QUE DIOS TE PLANTE, FLORECE.

DONDE SEA QUE DIOS TE PLANTE, FLORECE…
Tim Guénard, una historia de superación personal sin precedentes. Con apenas tres años de edad su madre le abandonó atado a un poste de la luz al borde de una carretera. Nunca más volvió a saber de ella.
Fue entregado a su padre alcohólico y violento.
A los cuatro años dormía desnudo en la caseta del perro.
Precisamente el día de su quinto cumpleaños, su padre le propinó una paliza tan brutal que le desfiguró el rostro y le partió las piernas. Le rompió cincuenta y cinco huesos en total. A raíz de ello, estuvo dos años internado en un hospital sin poder andar, tiempo durante el cual nunca tuvo una visita.
A los siete años, como ni sus padres ni su familia quisieron hacerse cargo de él una vez que se recuperó, entró en un orfanato donde todos los jueves los niños eran expuestos para que fueran adoptados. Como solo los “bonitos” conseguían familia, nadie lo quiso adoptar. En este sitio sufrió el maltrato y el desprecio de las personas encargadas de su cuidado.
Justo el día que cumplía nueve años fracasó en un intento de suicidio.
A los once años es acusado de incendiar un granero por lo que fue a parar a un correccional donde aprendió a pelear y a odiar al mundo entero. Se fugó de allí a los doce y empezó a vivir la ley de la calle para subsistir.
A los trece años es violado por un hombre parisino.
A los catorce años, analfabeto, sin educación ni familia, empezó a prostituirse en Mont-Parnasse. Su objetivo en la vida: algún día matar a su padre a puñetazos. El odio le asfixiaba.
Solo a partir de los dieciséis años, el encuentro con otras personas clave le llevó por un camino de renovación, de perdón y superación de aquella dramática espiral que había asolado toda su vida.
Tim Guénard (1958) es hoy un hombre que vive en el sudeste de Francia, cerca de Lourdes, y que está felizmente casado con Martine, con quien tiene cuatro hijos. Es un ser lleno de amor y que ama mucho a Dios. Un hombre que acoge en su propia casa a personas con problemas, a las que orienta y da ánimos para que encuentren nuevos motivos para vivir, ofreciéndoles un techo y una mano amiga. Un hombre que no olvida la promesa que se hizo en su adolescencia: acoger a otros con las mismas necesidades que él sufrió.
Pero la misión de Tim no solo se desarrolla en Francia. La culminación de su renovación interior fue escribir un libro autobiográfico titulado ‘Más fuerte que el odio’, donde desgrana con sencillez y franqueza la historia de su vida. A partir de entonces, acude a donde le llaman para narrar su experiencia, demostrando al mundo entero de que cualquier persona puede conseguir enderezar el rumbo de su propia vida, si así lo desea.
Varios agentes de Hollywood se han puesto en contacto con él para llevar su vida al cine, pero ninguno acepta las condiciones que pone: que se vea claro que él ha podido superar el odio con la fuerza del amor de Dios y que, desde que lo encontró, Dios es la energía que rige su vida.
Según sus propias palabras: “El hombre es libre de alterar por completo su destino para lo mejor o para lo peor. Yo, hijo de alcohólico, niño abandonado, he hecho errar de golpe a la fatalidad. He hecho mentir a la genética. Este es mi orgullo. Porque hay quien dice que los niños abusados se convierten en abusadores, hablan de porcentajes del 70 u 80 por ciento. Que los hijos de los alcohólicos ya lo tienen en los genes. Que un niño violado se convierte en violador. La gente dice cosas muy peligrosas. Yo quise triunfar en la vida cuando descubrí que no solamente tenía unas huellas dactilares únicas, sino que, además tenía un ADN único. Me decía a mí mismo: Yo soy único, mi cuerpo, mi cabeza, mi corazón y mi futuro son únicos”.
¿Por qué les cuento esta historia? Les seré sincera, esta historia me viene a la cabeza cada vez que alguien empieza a contarme lo mal que le trata la vida; cuando lejos de reflexionar y ver las cosas como una gran oportunidad de aprendizaje, adopta el rol de víctima y se convierte en una mera marioneta en manos de su destino. Porque si Tim Guénard fue capaz de escapar de esas terribles circunstancias —de su fatídico destino—, y convertirse en el escritor y orador motivacional que a día de hoy es; si fue capaz de trasmutar al hombre resentido, violento y deshumanizado que podría haber llegado a ser, entonces, cada uno de nosotros tiene la posibilidad de modificar su destino, incluso el más adverso, y convertirlo en algo positivo.
Tim Guénard es un ejemplo vivo de alguien que ha sido capaz de superar una situación totalmente adversa y aprender de ella; que lejos de abandonarse y tener una vida desgraciada eligió ser mejor persona, eligió ser feliz. Alguien que buscó un auténtico crecimiento personal. Por lo tanto, que su testimonio de superación sea una fuente de estímulo para todos nosotros. Que nos sirva de lección y ejemplo a seguir. Porque aunque algunos crean lo contrario, ¡nada es imposible para Dios!
florece-ahi

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