Dentro de todas las cosas sobre las que somos responsables de nosotros mismos, la más grande e importante es el autocuidado, porque al lograr esta responsabilidad, las demás vienen por añadidura.
Cuando te cuidas a ti mismo ves por tus necesidades tanto físicas como emocionales, te vuelves tu propio alimento y tu propio sustento. De esta manera, te liberas de enojos, reclamos e insatisfacciones junto con sus consecuencias físicas en tu organismo.
Veamos algunos ejemplos de cómo cuidarnos a nosotros mismos de manera responsable:
- te alimentas con conciencia, cuidando la calidad y cantidad de los alimentos que ingieres
- le hablas bonito a tu cuerpo, tratándolo con cariño, dándole el descanso que necesita
- te bañas con amor, te lavas los dientes con amor, te pones crema con amor, te cortas las uñas con amor, te dedicas el tiempo necesario para tratarte con amor
- te rodeas de gente positiva en tu vida y te haces responsable de lo que sucede en esas relaciones
- si te enojas con alguien, no le echas la culpa a esa persona, te haces responsable de tu sentimiento y hablas de ti cuando enfrentas a esa persona
- cuidas tu ambiente, sonidos, iluminación, decoración, te liberas de cosas que no necesitas y te provees de lo que sí necesitas
- reconoces, sientes y aceptas lo que sientes en cada momento, para poder canalizarlo positivamente (no te guardas, escondes o acumulas tensiones, enojos o tristezas)
- hablas de lo que necesitas hablar en el momento indicados, generando una comunicación positiva con los demás
- no esperas a que el otro adivine tu pensamiento y te de lo que estás esperando que te de, en cambio, le pides lo que necesitas, le comunicas tu expectativa, y si no lo hace, no es el fin del mundo, lo haces tu mismo
- si no te parece tu ambiente de trabajo, haces todo lo posible por mejorarlo, contribuyes con lo que tu sabes que se necesita, y si no lo logras, buscas otro trabajo
- dejas de decir… “de repente me dio esto”, “como que me quiere dar esto”, “me estoy enfermando”, porque entonces estás decretando
- aprendes a decirle que “no” a los demás cuando sabes que necesitas hacer algo por ti mismo antes, o que lo que te piden te generará más cansancio del que puedes aceptar
- organizas tu tiempo de tal manera que te da tiempo de comer sin correr, bañarte tranquilo, descansar, y hacer algo que disfrutas cada día
- sabes cuáles son tus sueños e ideales en la vida y ponerte de tu lado para llevarlos a cabo
Más que reclamarle a tu cuerpo, has de pedirle una disculpa, escuchar lo que necesita, y dárselo.
