Razones por las que tus plantas no florecen.

¿Tus plantas no florecen como deberían? Lo prometido es deuda. Voy a explicarte algunas de las posibles razones por las que una planta no te dará las flores que estabas esperando. Tal vez creas que tienen todo lo que necesitan, pero son muchos los factores que pueden incidir negativamente.

 

Antes de nada hay que reseñar que cada especie tiene sus propios requerimientos -solo se puede generalizar hasta cierto punto-. Se han de tener presentes, entre otros, la cantidad de luz, el tipo de suelo, los nutrientes, la humedad ambiental, el agua o la temperatura que alcanzan a tolerar. Si eludes sus necesidades más básicas, es muy probable que el ejemplar mal viva o incluso muera. Por supuesto, no esperes que te regale bonitas flores.

 

La falta de luz

Empecemos por el plato fuerte: con un repaso a lo que supondría la carencia lumínica para las plantas (algo frecuente en interiores).

 

La luz es lo que hace posible la fotosíntesis, ya lo sabes. Mediante este fenómeno las plantas son capaces de fabricarse su propio alimento. Les basta combinar el carbono atmosférico con el hidrógeno del agua para formar las cadenas de hidratos de carbono que tanto precisan.
En consecuencia, si la luz les fuera insuficiente, quedarían faltas de energía y éstas se verían  mermadas en sus funciones más básicas. Una floración escasa o nula será una reacción lógica en cualquiera de los ejemplares afectados. Concentrarían sus reservas en lo más preciado para su supervivencia. Las flores serían un lujo innecesario.En una situación prolongada de privación, la vida de la planta correrá, por lo tanto, serio peligro. Si las plagas o enfermedades no vencen su nimia resistencia, acabará pereciendo por el agotamiento de sus reservas.

El alargamiento exagerado de los tallos, buscando con desesperación la luz, es quizás uno de los síntomas más comunes y logrará darte pistas de lo que allí está pasando. También el crecimiento desigual, orientado hacia una ventana u otra fuente de luz es un buen indicativo. No dejes que la situación se perpetúe o las hojas comenzarán a perder su color y acabarán en el suelo.

Te ha de quedar claro que no hay una cantidad de luz estándar para todas las plantas. Según su biología, cada especie gusta de una cuota diferente en horas o intensidad. Bien sea en el exterior o en el interior de tu vivienda, debes conocer sus preferencias antes de buscarles una ubicación definitiva.

Carencia de nutrientes

Por la misma razón que lo anterior, la carencia de minerales es otra de las causas por las que una planta produce menos cantidad de flores. En concreto, la falta de fósforo y potasio puede acarrear un retraso en la floración o que éstas sean de escaso tamaño o calidad. También repercutirá en el futuro crecimiento del fruto.

Pero no te pongas ahora a abonar “como un loco”; los excesos en este caso tampoco son deseables. Demasiado nitrógeno -mineral encargado, entre otros, del crecimiento- podría inhibir la floración a costa de un desarrollo exagerado de la planta. Tendrías un ejemplar con brotes constantes, pero sin flores. Para colmo sus tejidos anormalmente tiernos, serían un bocado exquisito para el pulgón y otras plagas. Si has de aplicar abono en plantas de flor, utiliza el que no promueva tales circunstancias. Aquél con una proporción baja de nitrógeno en relación al fósforo y al potasio será el más indicado, ya que facilitará la floración y no a la inversa.

 

Igual de importante que la existencia de sales minerales es el hecho de que se encuentren en situación de ser asimiladas. El pH inadecuado del suelo es otra de las razones por las que una planta suele padecer carencias.

Dejando de lado algunas excepciones, como las plantas acidófilas o las amantes de los suelos alcalinos, el rango de pH entre 6,5 y 7 es el más conveniente. Este pH, considerado neutro para las plantas, es perfecto para la gran mayoría -con el que se da la mayor disponibilidad de nutrientes-.

Riego inadecuado

No hace falta decir que el déficit de agua tampoco es deseable, ni para su floración ni para la planta en general. Un riego exiguo supondría el debilitamiento de la planta, la pérdida de sus flores y también de las hojas, o peor aún, su muerte. ¡Cuidado!

Pero, por evitar quedarte corto, no debes ahora pasarte. Solo conseguirás pudrir las raíces o favorecer la proliferación de hongosDebes regar en su justa medida.

 

Poda incorrecta

La poda en un momento inoportuno es otra de las circunstancias que suele llevar al traste con la floración. Te conviene saber las fechas en que florecen tus plantas, así como dónde se forman las yemas florales,

La hortensia, por ejemplo, que florece en los tallos del año anterior, debería podarse en otoño o justo después de marchitarse sus flores -mejor incluso que a finales de invierno-. Si no te arriesgas a que, llegado el momento (primavera y verano), las esperadas flores no aparezcan o lo hagan escasamente.

Con tal panorama podría pensarse que, ante la duda, lo mejor es la inacción. Sin embargo, en la mayoría de plantas de flor -como rosales, jazmines o las anteriores- conviene al menos la supresión de las ramas viejas -ya que no van a florecer- y por descontado la eliminación de las flores ya marchitas, cortando al menos un par de yemas por debajo.

flores

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