¿Cada cuánto regar las macetas?

¿Cada cuánto regar las macetas?

Para los que tienen las plantas en maceta y no en el suelo del jardín, la frecuencia de riego es una consulta habitual en los comentarios del blog. Saben que a las plantas en contenedor hay que regarlas más a menudo, aguantan periodos más cortos antes de mostrar síntomas por la falta de agua, y quieren tenerlas bien hidratadas.

Pero… ¿a qué es debido? Básicamente a que disponen de menos sustrato para acumular la humedad. Las raíces acaban antes con las reservas disponibles haciéndose necesario regar con mayor frecuencia.
Si ésta es la razón principal, ¿quiere decir que cuanto más grande sea la maceta más se tardará en tener que regar de nuevo? Sí, aunque con matices: el volumen del contenedor influye directamente en la cantidad de agua capaz de ser almacenada, pero en esta ecuación además es importante el sustrato utilizado. También hay otras cuestiones, después te contaré.Ahora que ya sabes que el tamaño en esto importa 😉 seguro que utilizarás recipientes más grandes. De todas formas tampoco seas exagerado: no plantes ejemplares muy pequeños en contenedores enormes. Es preferible aumentar el formato del tiesto a medida que la planta vaya creciendo. Aplica siempre el sentido común; sencillamente ante la duda entre varios calibres escoge siempre el superior.

Por cierto, el material también es importante: los recipientes fabricados con componentes porosos como la cerámica o la madera retienen menos la humedad que la resina o el plástico.

Antes te daba un sí pero con matices y es que, por supuesto, existen otros factores que influyen en la frecuencia de riego de las plantas. Hasta ahora solo he subrayado la diferencia más sustancial entre una plantada en maceta y otra situada en el suelo del jardín, la razón que hace multiplicar por dos y hasta por tres el uso de la regadera. Sin embargo existen otros condicionantes, vamos con ellos.

La biología de la planta

Está claro que las necesidades de la especie es lo que más condiciona con diferencia y lo primero que has de tener siempre en consideración.

 

 

Para que te sirva como orientación, aunque como todo siempre hay excepciones, suele darse mayor necesidad de agua en las plantas con hojas más grandes y con menos requerimiento de luz.

Infórmate a cerca de la biología de tus plantas para acertar en sus cuidados. Ya sabes que en este blog acostumbro a publicar “fichas” sobre las que más me gustan. Te invito a que eches un vistazo.

Tipo de sustrato

El tipo de sustrato, junto con el tamaño de la maceta, son los responsables directos de la humedad disponible para las raíces. Ya traté el tema en  “Consecuencias del exceso de riego…” por cierto bastante más negativas que en el caso contrario. Para que te hagas una idea aquí tienes algunos principios básicos…

Debes tener cuidado con los sustratos arcillosos: son poco transpirables y retienen demasiado la humedad. Por lo general no te los encontrarás en tus macetas a no ser que hayas reutilizado el suelo del jardín. Al tener malas propiedades no se comercializan como sustratos de plantación.

Los sustratos para cactus y plantas crasas son muy transpirables para adaptarse a las necesidades de estas plantas (estructura franco-arenosa). Retienen menos la humedad y los nutrientes a cambio de una mejor aireación de las raíces. Si los utilizas en especies con mayores requerimientos hídricos deberás regar más a menudo que con uno de tipo universal.

El sustrato universal es una mezcla que se supone estándar para la mayoría de las plantas (estructura franca). Existe una relación correcta entre retención de agua, nutrientes y oxigenación. Es el que deberás utilizar en la mayoría de los casos.

Meteorología y exposición

Las plantas ubicadas a pleno sol perderán más humedad por transpiración y evaporación que las situadas a la sombra. Las especies con hojas de mayor tamaño acusarán aún más el fenómeno. El viento también es otro hándicap que reseca las plantas.

El cambio de estaciones es por lo tanto un punto a tener en cuenta: no es lo mismo la radiación solar del verano que la recibida en invierno. Además, muchas especies entran en letargo o parada vegetativa con el frío hasta la primavera; la necesidad de agua será prácticamente inexistente.

En verano es necesario reponer con frecuencia la humedad perdida, si no, las plantas pueden mostrar síntomas de estrés por falta de agua: hojas lacias o amarillas, amarronamiento, defoliación y marchitamiento.

Plantas de interior: en términos generales las plantas ubicadas en interior se han de regar mucho menos que las ubicadas en exterior pues padecen menos las inclemencias meteorológicas. Se debe tener en cuenta igualmente la estacionalidad, la existencia de calefacción o no, la proximidad de los radiadores o cualquier otro agente que acelere la perdida de humedad.

Quizás esperabas que te diera una simple cifra para evitarte mayores quebraderos de cabeza. Eso sería lo fácil pero tremendamente injusto para ti. Como ves el riego depende de demasiados factores para sentenciar números a voleo ante cualquier planta y situación. En su lugar te dejo estas útiles pistas complementarias a tu observación. Tú debes decidir la frecuencia de riego más acertada.

No dejes de comprobar la humedad en la tierra: acostúmbrate a tocarla con las manos. La mejor guía es la propia observación.

Si al hundir el dedo a unos centímetros éste aún sale sucio es que queda humedad en el sustrato

Recuerda que con el riego de las plantas, ante la duda, es mejor quedarse corto que pasarse: siempre es más fácil recuperar una planta con falta que con exceso de riego.

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