La preocupación nunca soluciona nada.

¡Y pensar que hay incluso a quien le parece hasta inmoral no estar preocupado! Pero la preocupación nunca soluciona nada. ¡Nunca! Por mucho que nos preocupemos, no cambiaremos nada. Lo único que provocamos es que por virtud de la poderosa ley de atracción, atraigamos precisamente aquello que nos preocupa. Recordemos que si somos capaces de creer, todas las cosas son posibles. Jesucristo dijo: “¿Por qué teméis, hombres de poca fe?”.

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