Te soltaste sin miedo a caer y te amigaste con tus fantasmas para aprender de ellos.
Empezaste a amarte para dejar de mendigar el amor de otros y sonreíste pese a que el dolor te apretaba el alma.
Te levantaste cuando pensabas que ya no dabas más y volviste a creer en ese antiguo sueño al aceptar que es lo que ilumina tus ojos.
Comenzaste a hacer el ridículo delante de la gente, sin avergonzarte, porque tenías terror a equivocarte y ahora te ríes de eso, mucho.
Al fin comprendiste que vivir exige vivir y eso da miedo.
Acá estás, frente a ti reconociéndote hermosa, libre e imperfecta y aquí estoy, extendiendo mis brazos para abrazarlo todo, porque todo está en mí…
Natalia Lewitan.
