Casi siempre criticamos cuando estamos insatisfechos e infelices.

Casi siempre criticamos cuando estamos insatisfechos e infelices. Me atrevería a decir que las personas que actúan con una crítica patológica son también personas muy infelices que, además, esparcen la infelicidad a su alrededor.
Independientemente del respeto a las enseñanzas espirituales, no condenar resulta muy útil en nuestra vida porque nos permite enfocarnos en lo bueno de la vida y multiplicarlo.
O, por lo menos, no criticar nos permite darnos cuenta de que hay algo que no marcha bien en nuestra vida y hacernos cargo del asunto buscando una solución, en lugar de mirar hacia fuera para repartir culpas baratas.
Cuando hay algo que nos aleja de la felicidad hay dos caminos que podemos seguir: el de sumir la responsabilidad o el de rehusarla. Juzgar el asunto con sabiduría para actuar de maneras constructivas y crecer.
O quedarnos como estamos, sin crecer, mientras intentamos dar la apariencia de grandeza repartiendo basura a los cuatro puntos cardinales.

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