EL EGO, LA VOZ MENTAL QUE FINGE SER TÚ…

EL EGO, LA VOZ MENTAL QUE FINGE SER TÚ…

Si aún no logras entender bien qué es el “ego”, en tal caso, hoy lo que haré —o intentaré hacer— es explicar lo más claro posible lo que es, para que adquieras conciencia de él y compruebes cuánto influye y domina en tu vida.

Para empezar, lo primero que debes saber es que “ego” es una palabra originaria del latín cuyo significado es “yo”, y que en el sistema lingüístico español sirve de prefijo para los vocablos egocentrismo, egoísmo, egolatría, egotismo, y sus derivados egocéntrico, egoísta, ególatra, egotista. Expresiones que se parecen mucho, aunque en definitiva no son lo mismo, pero a las que por lo regular, se les asigna un sentido negativo por igual. Se usan para referirse a personas que se dan una excesiva atención a sí mismas; y en el caso de egoísmo-egoísta, también para describir a personas que actúan buscando su propio interés, incluso aunque este pueda perjudicar a los demás. Así que teniendo en cuenta todo lo anterior, puedo afirmar que el “ego” equivale a un autocentramiento mental desmesurado en uno mismo (pensamos tanto en nosotros mismos que apenas dejamos sitio para los demás). O por decirlo de otra manera, a la tendencia constante de dirigir o focalizar nuestra atención más en nosotros mismos (y en nuestro propio interés) que en los demás.

Así es. Nuestra mente pasa mucho tiempo atormentada dándole vueltas y vueltas a hechos que nos sucedieron en distintos momentos del pasado, o imaginando preocupada aquello que nos puede llegar a suceder en el futuro. Pero no es eso todo. Resulta que en la primera etapa de nuestra vida, aparte nos creó una especie de personaje a modo de escudo psíquico protector para, supuestamente, ayudarnos a sobrevivir ante determinadas situaciones y ante otros. Una falsa personalidad o falsa identidad a la que, de hecho, desde la perspectiva espiritual se le suele denominar “yo inferior”, “yo artificial”, “falso yo” o el “otro yo”, y que es el que terminó alejándonos o desconectándonos de nuestro verdadero yo, nuestro yo más elevado (esa “parte” que nos viene de Dios, nuestra esencia originaria, nuestra verdadera naturaleza), y el que hace no tan solo que interpretemos de manera distorsionada lo que ocurre en nuestras vidas, sino lo que aún es peor, el que hace que vivamos en una constante insatisfacción.

En síntesis, tu “ego” es el que te dice todo aquello que te hace sufrir. El que te hace creer que vives para sufrir. Pasa así. Lo quieras creer o no, tu “ego” es la causa subyacente de todo tu sufrimiento. Pero también quiero que entiendas esto: por mucho que puedas sentirte identificado con él, tú no eres tu “ego”. Así de contundente. Ante todo, porque él es una identidad completamente ilusoria. De manera que, si quieres permitir que sea tu yo superior, tu ser espiritual, tu yo grandioso quien gobierne tu vida y no tu “ego”, lo primero que tienes que hacer es comenzar a despertar a Dios dentro de ti. Es decir, comenzar a reconectar con lo mejor de tu condición humana, la que constituye tu verdadero ser, tu verdadera esencia. Por supuesto, esto a tu “ego” no le va a gustar nada; pero tú no te preocupes, si finalmente consigues sacar tu mejor versión y dar lo mejor de ti mismo al mundo, entonces habrás conseguido no solo vencerlo (evitando así que siga controlando tu destino), sino lo que es más importante aún, comenzarás a manifestar lo bello y lo perfecto en tu vida.

Por lo tanto, ante esta realidad, si quieres saber cómo medir la influencia real que ejerce sobre ti la cárcel mental de tu “ego” (leve, moderada o alta), o lo que es igual, si quieres lograr detectar cuánto estás encerrado en la realidad de su diálogo interno negativo, a continuación paso a describirte algunas de las reacciones emocionales negativas automatizadas, mecánicas, que surgen del “ego”, que te permitirán evaluar de forma consciente y reflexiva cuáles de ellas te sientes impulsado a realizar: estar recordando (y lamentando o renegando) incidentes que ya han pasado en la vida; sentir inquietud en exceso por algo que aún no ha sucedido; tender a pensar de forma insuficiente o con escasa calidad sobre uno mismo, no sentirse bien con uno mismo (baja autoestima), o viceversa, sentirse más importante que los demás, creerse el centro del universo; sentir la necesidad de la aprobación de los demás, buscar ser querido o aceptado por los demás; buscar poder ejercer control sobre los demás; actuar impulsiva-mente, perder el control de los actos; creer saberlo todo; creer que los demás tienen la culpa de todo lo que sucede; tomar las cosas que pasan o los comentarios de los demás como algo personal; ser incapaz de estar solo y en silencio, etc. ¿Ahora entiendes por qué es tan importante que consigas no ser influido negativamente por tu “ego”?

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