
Te propongo que pongas atención a todo lo que tú decretas en un solo día.
«Los negocios están malísimos…»
«Estoy salada, tengo mala suerte…»
«Las cosas están muy malas…»
«El trabajo está pésimo…»
«La juventud está perdida…»
«El tráfico está imposible…»
«No dejes eso rodando porque te lo van a robar…»
«Los ladrones están asaltando en todas las esquinas…»
«Tengo miedo de salir…»
«Mira que te vas a caer…»
«Cuidado que te matas…»
«Te va a atropellar un carro…»
«Vas a romper eso!…»
«Tengo muy mala suerte…»
«No puedo comer eso, me hace daño…»
«Mi mala memoria …»
«Mi alergia…»
«Mi dolor de cabeza…»
«Mi reumatismo…»
«Mi mala digestión…»
«Ese es un ratero!…»
«Esa es una desgraciada…»
«Tenía que ser, cuando no…»
No te sorprendas ni te quejes si al expresarlo lo ves ocurrir.
Lo has decretado. Has dado una orden que tiene que ser cumplida.
Ahora recuerda y no olvides jamás, cada palabra que pronuncias es un decreto. Positivo o negativo.
Si es positivo se te manifiesta en bien.
Si es negativo se te manifiesta en mal, si es contra el prójimo es lo mismo que si lo estuvieras decretando contra ti, SE TE DEVUELVE.
Si es bondadoso y comprensivo hacia el prójimo, recibirás bondad y comprensión de los demás hacia ti.
Y cuando te suceda algo molesto, negativo, desagradable, no digas «Pero si yo no estaba pensando ni temiendo que me fuera a suceder esto!». Ten la sinceridad y la humildad de tratar de recordar en cuáles términos te expresaste de algún prójimo. En qué momento salió de tu corazón un concepto viejísimo, arraigado allí, que tal vez no es sino una costumbre social como la generalidad de esas citadas más arriba y que tú realmente no tienes deseos de seguir usando.
Recuerda que: «Lo que de tu boca sale… del corazón procede»