¿Cómo te hablas a ti mismo?

¿Cómo te hablas a ti mismo? Con eso, no quiero decir hablar en voz alta mientras caminas por la calle. Quiero decir, ¿cuál es el tono de tu diálogo interno: las conversaciones que tienes contigo mismo en la privacidad de tu propia mente? ¿Estás tranquilo, eres tolerante y amable, o exigente, impaciente y crítico? Nunca deja de sorprenderme lo cruel que somos con nosotros mismos. Y después nos preguntamos por qué no estamos contentos y no sentimos paz interior. Pero, ¿cómo podemos esperarlo cuando nos juzgamos tan severamente constantemente? ¿Cómo puede la mente estar serena cuando incesantemente estamos siendo duros con nosotros mismos? Este es un patrón que veo una y otra vez, y es increíble las diferentes formas en que justificamos tal comportamiento. Una vez escuché a alguien decir que la razón por la que fue tan poco amable e implacable consigo mismo fue porque siempre pensaba en los demás… La capacidad de ser amable contigo mismo y con los demás no es mutuamente excluyente. Yo diría que hasta que aprendamos a ser genuina mente amables con nosotros mismos, ¿cómo podríamos ser amables con los demás? Lo que probablemente estamos haciendo en estas situaciones es cumplir con una “idea” qur tenemos de amabilidad, en lugar de venir de un “lugar” de bondad. En este sentido, es una bondad “aprendida”, en lugar de reflejar necesariamente nuestra bondad “innata”.

Si no estás muy seguro de cómo suena una charla sana de la mente, lo siguiente puede ser una útil regla de oro: -Presta atención a cualquier charla interna negativa, y en ese momento pregúntate si le dijeras lo mismo y le hablases de la misma manera a un amigo cercano, ¿cómo piensas reaccionaría? Del mismo modo, si te dijeran lo mismo o hablaran con ese tono de voz, ¿cómo te sentirías? Las respuestas proporcionarán una buena idea de cuánto debes suavizar tu mente.

Esto no significa “intentar” ser diferente, o pensar “positiva mente”. Significa darte cuenta de cuándo te abofeteas, te golpeas o refuerzas los patrones de pensamiento negativos. Al darse uno cuenta de que está haciendo lo puede ver por lo que es: un pensamiento o un sentimiento que simplemente pasa – y que no es más que eso -. En esos momentos, y a medida que continúas dándote cuenta, verás cómo tu mente se suaviza, cómo se libera y cómo encuentra una nueva sensación de calma y claridad en los lugares y situaciones más insospechadas.

– Andy Puddicome, “The Orange Dot

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