El amor cotidiano.

El amor cotidiano.

Solía creer que el amor es esa pasión que anida en tu pecho y parece causar una sed insaciable, un ardor en el alma y un insomnio constante, que te arrebata la paz y te incendia el rostro al pensarlo.

Hoy he descubierto la paz del amor cotidiano, esa pequeña fortuna de saberse pensado en la mente del otro y el pequeño gesto cordial de cada día, el detalle de hacer algo solo porque sabes que le gustará.

Un amor sereno de mañana compartiendo el café y el desayuno, de escuchar un “No se te olvida nada? y de un beso sencillo practicado con los años que dice: aquí estoy y aquí pienso seguir.

Un amor de estacionarse más cerca para que no que no te mojes, de salir más temprano para verte antes y sentir el alma tranquila y en paz; de noche de sentir el calor del otro a un lado tuyo y un abrazo en la madrugada cuando el frío hela poco más.

Los boletos comprados por anticipado para esa película que en verdad querías ver, el bocadillo para que no mueras entre vueltas, preparado con poca experiencia pero con muchisímo esmero.

Las compras cotidianas de los faltantes en la casa y las tardes mirando el atardecer con café y un par de perros.

La grandeza del amor sensato y en calma, sin sufrimientos y con las felicidades pequeñitas de cada pequeña cosa que van sumando un poco más, con la calma para hacer el amor sin prisa ni compromiso, riendo de repente de algún calambre ocasional.
La simpleza del quererse diferente con los años, de amarse cada día un poco mejor, porque no se sigue amando como el primer día, sino de una forma más madura y real.

La tardes llegando al mismo restaurante y que nos pregunten si queremos lo de siempre y que nos digan que hace rato nos nos veían por aquí, los saludos de amigos, conocidos y extraños que nos devuelven una mirada curiosa sobre si somos nosotros esos dos que vieron hace un tiempo, algo más jóvenes e irreverentes pero juntos.

Las noches de conversaciones sobre sueños compartidos e independientes, lugares por ver juntos.
Un amor cotidiano y humilde, sin fuegos artificiales en el cielo, un amor privado y consumado entre dos, con el tiempo de mutar en grandes actos de sacrificio y entrega.
Con fe y reciprocidad, cooperativo y responsable.

El arte de ir amando con pequeños momentitos durante una eternidad, de compartir un espacio y conservar el propio sin perderse, con las ganas de explotar los puntos en común y tantas diferencias que decidimos conservar.
Un amor sereno sin sobresaltos ni celos, ni miedos, ni locuras… Eso va quedando atrás.

El tiempo reforzando la certeza de que en este mundo que parece un mar agitado, tenemos un muelle donde atracar.

ABC

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