Dejando ir lo que no quiere estar.

Dejando ir lo que no quiere estar.

A veces es la familia, que por más que trates y te esfuerces no te aceptan como tal. Sabes que no encajas, que no perteneces, es obvio y aún así te empeñas en estar. En visitar, en ayudar, en querer y en apoyar. No hacen lo mismo contigo, no lo han hecho jamás.
Es tiempo de dejar ir lo que no quiere estar.

Otras veces es un amor, esa pareja que sueñas romántica y entregada. Esos momentos de felicidad que sólo están en tu mente. Amas, amas mucho, sin embargo no hay reciprocidad. Los actos y los hechos lo muestran, no eres prioridad. Crees que “un dia” todo cambiará y el hombre dueño de tus amores caerá rendido por tí, te tratará como si de tí dependiera su vida y su felicidad.
Una parte de tí reconoce que jamás será así.

Es tiempo de dejar ir lo que no quiere estar.

Puede ser una amistad. De esas en las que te entregas sin reservas, de esas en las que estás para lo que se necesite, aunque cuando la necesidad es tuya “esa amistad” desaparece, tal vez no te trate con gratitud, con aprecio.

Es tiempo de dejar ir lo que no quiere estar.

Y que tal las costumbres que nos hacen daño? Los vicios, los defectos por transformar? A veces nos aferramos al “así me hizo Dios, que quieren que yo haga?” “La gente me tiene que querer así como soy” o el agresivo: “así soy! Y que?”

Nos conformamos con tan poco, estando hechos para ser mucho, para recibir lo mejor, para ser amados, para aprender y crecer, para ser cada vez mejores personas.
Dejemos ir lo que entorpece nuestro camino al bien, lo que nos quita energía y fuerza, lo que nos hace sentir poco amados y valorados, dejemos ir para empezar a recibir.

Siempre hay otras vidas que enriquecen la nuestra. Dios, la vida, suple todo: unos padres ausentes y nada amorosos? Te encontrarás con personas que te acogerán como si fueras su hija.
Un amor acabado? La vida te presentará una relación maravillosamente amorosa e idílica. Amistades solo de conveniencia? Habrá una amiga que lo dará todo por tí.

Solo hay que ir sanando. Dejando culpas por dejar familiares a un lado o amores que desde el comienzo no nos han pertenecido.
Dejar ir sin rencores, sin angustía, sin resentimientos. Seguir dando si se puede, pero sin permitir que abusen o te hagan sentir menos, seguir dando porque estás hecha para eso, para darte sin expectativas, aunque reconociendo tu valor y no permitiendo que te menosprecien.

Es tiempo de soltar.
Habrá personas que sólo serán “conocidos” pero habrá otras personas que llenarán tu alma de tal forma, que sanarán tus heridas y que serán tus compañeros más preciados toda la vida.

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