Y si dejas por un rato de esperar milagros.

Y si dejas por un rato de esperar milagros.

Y si paras el deseo de poseer el conocimiento de todas las cosas.
Y si te conformas con ser todo lo tonto que eres ahora en vez de intentar ser cada día más listo.
Y si te olvidas por un rato de tener experiencias extrasensoriales y vives las sensaciones a tu alcance.
Y si dejas de volar por dimensiones y vuelves a esta dimensión para vivirla de una vez.
Y si este fin de semana en vez de retirarte a meditar te encuentras con tu familia que hace tiempo que no ves.
Y si en vez de tratar de averiguar desconsoladamente tu futuro te vuelcas a habitar tu presente.
Y si dejas de indagar en tus vidas pasadas y te percatas de que estás descuidando tu vida actual.
Y si en lugar de perderte en tus pensamientos te encuentras en tus pasos.
Y si en vez de alejarte de todo lo que te molesta te acercas e intentas comprender.
Y si abandonas la ansiedad de conocer tu misión de vida y te relacionas con lo que se te va presentando en tu vida.
Y si te atreves por un instante a soltar tus creencias de soltar y coges amablemente lo que tienes alrededor.
Y si dejas de perseguirte con la toxicidad de cada cosa que comes y confías en tu intuición y disfrutas de cada bocado.
Y si dejas de perseguir todo lo que te falta para evolucionar y aprecias lo que ya tienes para no involucionar.
Y si caminas tranquilo por el campo.
Y si te olvidas de respirar correctamente y simplemente respiras.
Y si dejas de sentir el mensaje de tu corazón y le dejas hacer su trabajo en paz.
Y si te echas en el sillón y enciendes un rato la televisión.
Y si vas con tu hijo al cine y ríen juntos y le acaricias la cabeza cada tanto.
Y si te quedas en casa a hacer simplemente nada.
Y si vas a tu trabajo y ríes y te enfadas y te entristeces y te alegras tal como vaya viniendo cada instante.
Y si te haces amigo de tu ego y dejas de querer quitártelo de encima.
Y si reconoces que el que tienes delante no es tu espejo sino un otro, un hermano, un ser tan adorable como tú y distinto a ti.
Y si te detienes en cada esquina para mirar al cielo por un momento.
Y si hablas con las plantas sin exigirles ninguna respuesta.
Y si te relajas un momento y dejas de buscar en el más allá.
Y si le das una oportunidad a lo superficial y te vuelves al más acá, a lo que tienes delante, a tu piel y a poco más.

Y si paras ahora por un rato y te reconcilias con tu realidad…

– Leandro Ojeda López, “Que el otro lado del bosque no te impida sentarte junto al árbol que tienes delante”.

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