En la medida que nos hagamos consciente de cuanto amor sentimos por nosotros mismos, será mucho más fácil comprender las faltas de los demás. Una vez que ubicamos al miedo como el antagonista del amor, comenzamos a ver a las personas desde el amor compasivo, con el conocimiento de que cada una trae su equipaje de temores y dolor y son las únicas herramientas de las que se valen para actuar en la vida. Si no se conoce el amor ¿Cómo lo damos?
Recuerda las veces que has sentido culpa y deseas que te perdonen, lo más seguro es que hayas pasado por momentos tormentosos recriminándote una y otra vez y la única solución para ti era que te otorgaran el perdón. ¿A quién se le podrían desear momentos de dolor? Desde el amor yo deseo que las personas sean felices.
Una vez conscientes de quienes somos, al recordar que somos Luz, Amor, Paz y Felicidad, sabemos que merecemos las cosas más maravillosas que nos puedan suceder, sabemos que merecemos el dolor para que nos haga ver lo que no vemos, sabemos que merecemos rodearnos de gente que viva y se mueva para el amor. Y al mismo tiempo, merecemos perdonarnos y aceptarnos cuando volvemos al miedo.
Desde esta perspectiva nos hacemos conscientes de que así como deseamos lo mejor para nosotros, lo deseamos para cualquiera. Sin importar lo graves de sus actos, lo equivocado de su acción, lo tóxico de su carácter, TODOS merecen ser amados y perdonados. Es en ese acto de compasión y bondad donde reconocemos en nosotros la verdadera HUMILDAD.
Gracias por coincidir
