¿Que no ayuda?

¿Qué no ayuda?

QUE NOS PRESIONEN PARA DEJAR DE LLORAR. El que a uno le digan: “Bueno, ya…, no llores más” es una frase que no contribuye en nada. No es justo que los demás nos digan cómo debemos sentimos. Pero el llanto no es la única forma de expresión, por lo que no hay que desesperarse si las lágrimas no vienen.

QUE NOS PRESIONEN PARA DESHACERNOS DE LA ROPA u otros efectos personales del hijo que murió sin que estemos preparados para ello.

QUE NOS DIGAN: “Puedes tener otro hijo” o “Pero si tienes otros hijos”. Probablemente se dicen estas frases con buenas intenciones. Sin embargo para un padre no es posible reemplazar al hijo perdido, porque cada hijo es único.

QUE SE CAMBIE DE TEMA cuando mencionamos a nuestro hijo fallecido.

TRATAR DE VER ALGO POSITIVO EN LA MUERTE no reconforta a quienes estamos en duelo. Frases como “Ya ha dejado de sufrir” o “Está con Dios en el cielo” no son un consuelo, ya que los padres echamos mucho de menos al hijo que murió.

LA FRASE: “SÉ CÓMO TE SIENTES”. ¿De verdad lo sabe? ¿Cómo puede comprender alguien lo que sentimos los padres que hemos perdido un hijo si ellos no han experimentado la misma pérdida? Esa frase debe ser reemplazada por “¿cómo te sientes?”.

EXAGERAR EL DOLOR para probar que amábamos al hijo que falleció. No ayuda a los padres el temor a dejar de sentir un pesar profundo. Cuando el dolor se atenúa no significa que nuestro amor por el hijo fallecido esté disminuyendo. La desaparición del dolor da paso a recuerdos maravillosos que conservaremos para siempre.

VIVIR CONCENTRADOS EN LA PREGUNTA: “¿Qué va a ser de mí?” Es mucho mejor vivir el presente sin preocuparnos por el día siguiente. La auto compasión no ayuda en nada.

INGERIR MEDICAMENTOS O ALCOHOL para aliviarla pena. Pueden retrasar el proceso de duelo o distorsionarlo. Medíquese únicamente bajo la supervisión de un médico.

CONTROLAR LA VIDA DE QUIENES NOS RODEAN especialmente de los hijos, para evitar así una nueva tragedia.

MARGINAR A LOS NIÑOS de las experiencias familiares de muerte y tristeza.

REEMPLAZAR rápidamente al hijo muerto adoptando otro.

IDEALIZAR al hijo muerto, convirtiéndolo en ídolo o Santo.

TENER OTRO HIJO y ponerle el mismo nombre del que falleció. La psicóloga lsa Fonnegra sostiene que “el niño que nace luego y recibe el nombre del hermano muerto trae sobre sus hombros la pesada carga de resucitar, de devolverle la vida en parte al que ya se fue y la alegría a sus padres. Los afectos son únicos e irrepetibles, y cada relación genera los propios”.

IMPONERSE ACTITUDES de falsa fortaleza y de estoicismo.

COMPARAR el propio dolor con el de otros. Los dolores no son comparables.

El EXCESO DE ACTIVIDAD para mantenerse ocupado permanentemente. Ahogar la pena en el trabajo frenético es muy destructivo.

AISLARSE y no aceptar la ayuda de familiares y amigos.

EMITIR JUICIOS definitivos sobre el matrimonio, las relaciones y los comportamientos de los seres queridos. No ahondes el dolor sumando a él otros dolores.

OLVIDAR QUE FORMAS PARTE DE UNA FAMILIA y que la decisión que algún día tomaste de compartir tu vida con otro fue el origen y la causa del nacimiento del hijo que murió. Protege tu matrimonio, es lo que te sostendrá en el camino de recuperación.

DESCARGAR LA RABIA Y LA IRA en quienes te rodean. Si necesitas desahogarte toma la almohada y golpea la cama.

ABANDONAR aquellas cosas que significaron o significan mucho para ti, como el deporte o los hobbies.

Fuente: Un hijo no puede morir – Susana Roccatagliatta

10533112_285387848320572_4646363639807085957_n

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s