DESARROLLAR NUESTRA INDEPENDENCIA FÍSICA, PSICOLÓGICA Y EMOCIONAL.

DESARROLLAR NUESTRA INDEPENDENCIA FÍSICA, PSICOLÓGICA Y EMOCIONAL.

Cuando hablamos de independencia o autonomía, podemos hacerlo en relación a diferentes áreas, sin embargo, siempre debe incluir la necesidad de responsabilizarnos.

Si nos referimos al aspecto psicológico, implica decidir por nosotros mismos, actuar de acuerdo a la decisión tomada y aceptar las consecuencias. Plantear objetivos propios y luchar para conseguirlos. En estos casos, la opinión de los demás puede ayudarnos a elaborar un mejor análisis de la situación que estamos viviendo, pero la decisión final es nuestra, porque somos nosotros quienes vamos a vivir las consecuencias. Somos nosotros quienes dirigimos nuestra vida.

En el aspecto emocional quiere decir, reconocer y aceptar que las emociones que nosotros vivimos son nuestras. Nosotros elegimos vivirlas (a partir de nuestros pensamientos y creencias) y por lo tanto, es nuestra responsabilidad reconocerlas, aceptarlas y manejarlas. Es dejar de culpar a los demás por lo que nosotros sentimos y dejar de justificar nuestras conductas a través de dichas emociones. Cuando somos independientes emocionalmente, podemos expresar nuestros sentimientos adecuadamente y mantenerlos dentro del límite apropiado a la situación, sin exagerarlos, eliminando o controlando aquellos que nos hacen sufrir.

La autonomía física se refiere a aceptar que somos responsables de los aspectos relacionados con nuestro cuerpo y salud, por lo tanto, somos nosotros quienes debemos cuidarlo lo mejor posible, alimentándonos sanamente, haciendo ejercicio, aprendiendo a relajarnos, durmiendo lo necesario, etc.

Para desarrollar nuestra independencia, podemos y debemos cuidar de nosotros mismos, tanto física como emocional y psicológicamente, porque nadie nos puede cuidar tanto, como lo podemos hacer nosotros. Pero para ello, debemos conocer nuestras necesidades en los diferentes aspectos, para después, buscar la manera de satisfacerlas adecuadamente.

Tenemos que estar conscientes de que lo aceptemos o no, los pensamientos que tenemos y por lo tanto, las decisiones que tomamos, son generados por nosotros mismos. Los demás pueden opinar, pero no pueden obligarnos a pensar de determinada manera ni a aceptar sus pensamientos y valores. En este sentido, es importante recordar que podemos aprender a manejar nuestras emociones, sobre todo las negativas, cambiando nuestras creencias y pensamientos equivocados y que podemos y debemos aprender, además, a expresarlas en la forma y momento adecuados.

Cuando hablamos de responsabilizarnos, es importante delimitar entre lo que es nuestra responsabilidad y la responsabilidad de los demás, independientemente de que las otras personas se nieguen a aceptar la que les corresponde o quieran hacernos responsables a nosotros.

(Silvia Russek)

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