Sanar…

“Sanar, qué concepto bello. Pensamos que es como una herida que se cierra, la cascarita se cae, y la nueva piel, reluciente, aparece. Pensamos que sanar es estar cada vez mejor, estar más positivos. Pero a veces sanar se siente diferente. Nos duele todo, aparecen horribles miedos, nos sentimos cansados y aletargados. Una profunda tristeza nos atrapa por completo. Y eso, pareciera más que sanar, estar empeorando. Y como el sentirnos mal es algo que no podemos tolerar, tratamos de salir de ese sentimiento lo antes posible, de cualquier modo, y la sensación de malestar no se va.
Pero sanar también es hacer contacto con lo reprimido, tal vez por años. Llorar dolores muy viejos y contenidos en algún sótano psíquico. Abrir la compuerta tapiada con clavos y maderas. Dejar que salga todo, purgar, soltar. Sanar también es eso. Ir al agujero negro, destaparlo y animarnos a entrar. Morir un poquito, para renacer. Si estás en crisis, algo saldrá de ello, no resistas, no trates de sentir de otro modo, no trates de tapar, no juzgues, no aceleres, no trates de evadir la situación. Aceptar un estadio de vida, también es sanar. Aceptar la realidad, sin querer cambiarla. Aceptar las luces y sombras, es parte de la vida y un acto de profunda madurez. Descartar el “yo no soy esto”, cuando no nos gusta cómo nos vemos, qué sentimos, qué pensamos. Sí somos eso, también. Somos todo. Ni mejor, ni peor, sólo parte de…”.

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