La Prisión de la mente es la peor.
No hay peor prisión que la de una mente incapaz de dejar de pensar, ruidosa, impredecible, egocéntrica, conflictiva, temerosa, negativa, en fin, una mente obsesionada por sus propios complejos y recuerdos amargos. Bien al contrario, no hay mayor felicidad que el hecho de lograr poner fin a la horrible esclavitud que produce el pensamiento incesante y conseguir mantener ocupada la mente tan solo por los pensamientos que nosotros queramos. Esa es la verdadera experiencia de la libertad.
