No existen los limites.

Cada persona conoce sus limitaciones, pero debe conocer también sus posibilidades, y un elemento clave es que no se debe uno mismo subestimar acerca de lo que es capaz de alcanzar. Tampoco de ponerse objetivos inalcanzables claramente, ni minusvalorarse ante los que se le pueden plantear. La clave consiste en buscar un término medio, o un equilibrio en las posibilidades u opciones que le surgen a cada persona y cómo hacerles frente, así como poner los medios para que esos fines se puedan conseguir.

Por otro lado, tampoco es recomendable ponerse objetivos sencillos de alcanzar para que la frustración sea la mínima, porque ello conllevará la relajación y la falta de tensión diaria en la posible manera de afrontar esos retos, que si son sencillos de alcanzar tampoco el cuerpo ni la mente tendrán que llevar a cabo un importante esfuerzo para poder llegar a esos fines.

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