Ser capaz de perdonar es un regalo para uno mismo. No solo beneficia a la persona perdonada sino también a la que perdona. Al no perdonar, la persona dañada está encadenada a la persona que le hizo el daño y, mientras no la perdone, no podrá sustraerse al poder que tienen el ofensor y la ofensa sobre ella.
A veces, el perdón puede incluso derivar en sentimientos de comprensión, empatía y compasión hacia la persona que te hirió. Perdonar no significa olvidar o justificar el daño que te hicieron, ni reconciliarte con la persona que te causó el daño
