El hombre sufre por sus limitaciones.

No hay «condena divina». Ciertamente, el hombre sufre por sus limitaciones, pero tiene posibilidad de evolucionar, de comprender y de asociarse, en el curso de su vida terrena, con la gran obra de Dios.

Esta era la esencia del mensaje de Cristo, cuya manifestación humana anunciaba que el hombre podía resucitar de entre los muertos, sin esperar a un hipotético «día del juicio».

Para el hombre responsable, liberado por el Amor, no hay, no habrá «día del juicio». Porque es día a día como las acciones se juzgan.

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