Tomar la responsabilidad de la vida propia le permite a uno reconducir el Camino errático incrementando la agradable sensación de ser dueño de su destino, la amable impresión de estar haciendo lo que verdaderamente marca la conciencia, y la emoción indescifrable de reencontrarse con la Sabiduría Interna que conoce nuestro Camino y siempre lo ha estado gritando a nuestros oídos sordos.
