No hay peor prisión que la de una mente incapaz de dejar de pensar, ruidosa, impredecible, egocéntrica, conflictiva, temerosa, negativa. En fin, una mente obsesionada por sus propios complejos y recuerdos amargos. Bien al contrario, no hay mayor felicidad que el hecho de lograr poner fin a la horrible esclavitud que produce el pensamiento incesante y conseguir mantener ocupada la mente tan solo por los pensamientos que nosotros queramos. Esa es la verdadera experiencia de la libertad. De ahí que, como bien enseñó a través de su obra la escritora y gran conferenciante motivacional estadounidense, Louise L. Hay: «Tú eres la única persona que piensa en tu mente. Eres el poder y la autoridad en tu mundo». Entonces, ¿no crees que merece la pena que comiences (o que al menos intentes) gobernar tu mente?
