Nos han dicho que todos tenemos una misión por cumplir en nuestro tránsito por esta vida y que, «cuando encuentras tu verdadera misión», encuentras el sentido de tu vida y el universo entonces te da, sincrónicamente, todo cuanto necesitas.
Una adulteración de esta verdad ha conseguido que nadie, jamás, consiga conectarse con su misión porque todo el mundo cree que es algo externo; quizá una dedicación humanitaria, quizá algún tipo de vocación o empleo; quizá alguna meta espiritual, física o material. O algún designio que, en definitiva, solo tendrá que ver con una huida trampeada y ególatra, bien sea hacerse misionero, sacerdote, musulmán, budista o cristiano: «Misiones» todas, que solo nos alejarán del verdadero sentido por el que estamos aquí.
Todos tenemos una misión, una razón urgente por la que estamos aquí, y esta es sanar NUESTRO Mundo interior, porque hasta que esto no se produzca continuaremos «tan enfermos», como enfermo interpretamos nuestro reflejo en el mundo: Lo «exterior», lo «ajeno», que solo vive dentro de cada uno de nosotros.
Si todos conectamos con nuestra misión, haciendo la parte que a cada uno corresponde, el mundo «sana» en su totalidad, si o si, porque solo es el reflejo de nuestra mente.
Esa es la razón por la que se han gastado todos los recursos para evitar ese «tipo de conexión», que haría que todos encontrasen el verdadero sentido de su vida, por un lado, y conseguiría que el mundo cambiase en una sola generación, por otro lado.
Es por eso que sin esa conexión «todo el mundo pierde y por lo tanto el mundo pierde»; ganando la sombra usurpadora y tramposa que impera desde su «enfermiza desconexión radical», en el mundo, y por lo tanto en cada uno de nosotros.
