Responsabilizarnos de nosotros mismos implica un ejercicio de introspección que nos obliga a trascender el personaje limitado

Responsabilizarnos de nosotros mismos implica un ejercicio de introspección que nos obliga a trascender el personaje limitado; separado de cuantos eventos portamos como herencias manifiestas en nuestra historia trans-generacional, y por lo tanto separado de la realidad.

Somos seres cuya inmanencia en la inmortalidad se manifiesta a través de los «relevos generacionales», regulados por los episodios de muerte y nacimiento que se repiten como el ciclo recurrente de la «odisea de la incomprensión», interpretados estos puntos de inflexión desde una inevitable percepción sesgada de nosotros mismos, reconvertidos ya en el inevitable «drama de la separación», con todo lo que conlleva el panorama matricial generado producto de la misma.

Un mundo alternativo donde nada es lo que parece y la realidad se impone por encima de toda ignorancia sobre la misma.

José Vaso

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