BENDITA LA CIRCUNSTANCIA O LA GOTA QUE COLMÓ EL VASO Y QUE NOS OBLIGÓ A CAMBIAR PARA BIEN…
«El capitán Gerald Coffee estuvo siete años prisionero de guerra en Vietnam del Norte. Él mismo ha comentado su cambio de actitud: «Al principio rezaba a Dios pidiendo que cambiase mi situación… Dios mío, devuélveme los últimos cinco minutos antes de mi captura, que cambiaré el rumbo a otra parte… Dios mío, por favor, que ganen los americanos y me saquen de aquí…».
«Con el transcurso del tiempo —prosigue—, mis oraciones fueron diferentes… Deseé convertirme en una persona mejor y no solo sobrevivir, sino que mi experiencia como prisionero de guerra me aprovechara en algo.» Antes deseaba un cambio en sus circunstancias; después pasó a preferir un cambio en sí mismo. Con esto descubrió un principio fundamental y a partir de entonces empezó a ver un sentido en su situación.
Cualquiera que sea la nuestra, estamos en ella porque la situación tiene algún tipo de enseñanza para nosotros ¡Por eso estamos aquí! Pedir a Dios que cambie nuestra situación no conduce a nada. ¡Mientras no hayamos cambiado nosotros, seguiremos necesitando esa situación!
Si María tiene peleas en su matrimonio, es ella quien debe cambiar, aunque diga: —¡Dios mío! Si quisieras cambiar a mi Fede me harías feliz.
¡Error! Federico está resentido con María y se niega a cambiar. María pide el divorcio y un año después oímos que dice:
—¡Dios mío! Si quisieras cambiar a mi Ricardo…
Cuando decimos «Dios mío, por favor, cambia mi circunstancia y ahórrame la molestia de cambiar yo» demostramos que no hemos entendido nada. La petición debería ser «cámbiame a mí, cambia mi manera de pensar sobre esto». Cuando se modifica nuestra apreciación de las circunstancias, ellas se modifican.»
Andrew Matthews
