UNA VERDADERA HISTORIA DE AMOR (Ah! Pueden cambiarle el género.)
¿Alguna vez viste esto desde cerca? Sólo quienes comprenden nuestro idioma pueden responder a nuestro llamado de amor. Pretender que respondan quienes aman en otro idioma y sufrir por ello… sería como si esta rana clamara porque el sapo no le correspondiese! Amar EN RECIPROCIDAD, sin penar en vano, en cualquier vínculo de afecto, es vibrar como la Naturaleza. Pero cuesta aprenderlo!! Mucho más que a la rana…
¿Será por eso que en los cuentos las princesas besan a una rana para que se transforme en príncipe? Conocí una hermosa y buena princesa, hace mucho, mucho tiempo, que lo hizo: besó al batracio y aguardó su transformación. Pero en vez de sucederle ese prodigio de que se le volviera príncipe, fue ella la que se empequeñeció hasta terminar muy rana, en el lodo, croando sola, mientras que él nunca llegó a humanizarse: se fue con una ranita de la charca de al lado (mucho más deseable, a sus ojos de rano, que cualquier bella princesa humana!!)
¿Y la princesa? Sufrió. (Tenía un gran talento para sufrir.) Después se cansó; se miró en el agua, e hizo silencio. Vio su imagen reflejada, y sintió ternura por su auto engaño. Con sano amor hacia quien era (y aún hacia quien había sido), le nació besar a su imagen en la frente. Entonces el prodigio sí aconteció: volvió a humanizarse!! Pero ya no como antes. No, no: ya no era más una princesa: ERA UNA PERSONA. Y ésa fue su inmensa ganancia, para siempre.
(La historia puede valer también si cambiamos los géneros de los personajes, pues no es un relato feminista: procura ser una historia HUMANISTA…)
– Virginia Gawel
