El deseo que se desprecia por la única razón de no poder satisfacerlo es uno de los mayores enemigos del hombre. Quizá se pueda pretender que no existe, que uno lo ha vencido, pero se debe responder con sinceridad a la pregunta: «¿Si pudiera satisfacer ese deseo, lo haría?». Si no se ha contestado a esta pregunta, presumir de renunciar al mundo, optar por una vida ascética no porque se desee, sino por necesidad y para enorgullecerse de uno mismo, es ocultar la cara al enemigo y convertirse en doblemente vulnerable. Por lo tanto, el primer paso en el Camino es saber qué quieres, no qué deberías querer. Sólo así puede empezar el peregrino su viaje plenamente preparado. De otro modo sería como un general que, dirigiendo una campaña en un territorio desconocido, en lugar de determinar su propia fuerza y la fuerza y posición de su enemigo, se preocupase solamente de lo que imagina que deberían ser. Y por muy bueno que sea lo que imagine, conducirá, sin
ninguna duda, el ejército hacia un infierno».
– Alan Watts, «Conviértete en lo que eres»
