«Estoy segura de que en todas las tierras en barbecho, una nueva vida está a la espera de re-nacer. Y, lo que es más sorprendente todavía, que la nueva vida llegará tanto si uno quiere como si no. Por mucho que cada vez se la intente arrancar, cada vez volverá a echar raíces y a reimplantarse. La nueva semilla volará con el viento y seguirá llegando y ofreciendo múltiples ocasiones para el cambio del corazón, el regreso del corazón, el restablecimiento del corazón, y para volver a optar finalmente por la vida… de todo eso estoy segura.
¿Qué es aquello que jamás puede morir? Es aquella fuerza fiel que nace en nuestro interior, la que es más grande que nosotros, la que atrae la nueva semilla hacia los lugares abiertos, maltrechos y estériles de tal manera y que pueda volver a arraigar en nosotros.
Esta fuerza, en su insistencia, en su lealtad a nosotros, en su amor por nosotros, en su acción casi siempre misteriosa, es mucho más grande, mucho más majestuosa y mucho más antigua que cualquier otra fuerza que jamás se haya conocido».
– Clarissa Pinkola-Estés, «El jardinero fiel»
