No te quedes en los lugares que no te quieren. En aquellos en los que te desprecian sutilmente una y otra vez. En los que tienes que suplicar un poco de afecto. No te quedes agradando o dedicando tus esfuerzos a algo que no va a ser nada. Cubriendo semillas con cemento y esperando que broten las flores. No lo harán. Porque será inútil. Tanto como esperar encima de una tumba a que alguien regrese a la vida. No te quedes en ese sitio cómodo en el que te ven los demás. En el que pones el piloto automático y haces lo que debes hacer porque es lo que el resto espera de ti. Y tú sin pensar si aquello te hace feliz o si has caído tal vez en desgracia. Quédate en el espacio en el que te demuestren amor. Y no solo con palabrería barata. Con hechos. Quédate junto a aquellos que se pongan contentos con tu libertad. Que respeten tu alegría.
No te dejes en «visto». Que te enseñen y te hagan crecer y ser mejor. Que te cuiden y te traten bien. Quédate solo con alguien que haya aprendido de la vida.
Que quien no arriesga. No ama.
