Decir Adiós.

No tendríamos que tenerle miedo a los finales, tal vez sean necesarios para aprender a no amarrar. Si algo termina es porque alguna vez empezó y por ende, si lo aceptamos, le damos paso a un nuevo inicio. Todos los finales llevan consigo el peso de las experiencias, tan sabias para evolucionar. Quizás ese “algo” que termina, cree una semilla en mí, una enseñanza. Que algo finalice, deja un poco de insatisfacción, picazón en el corazón y muchos replanteos, pero con el tiempo, el gran maestro, sabremos que fue lo mejor que nos podía suceder. Todos sufriremos en la vida algún final, o varios, sin excepción. Para algunos quizás el final signifique que termine una relación, un trabajo, un hábito, una forma de pensar, una etapa. Es inevitable, así es la vida, que siempre nos va a dejar espacio para mejorar y seguir avanzando. Hay finales que se dan naturalmente, otros se dan cuando no dan para más, esos tal vez sean los más dolorosos, porque nos dejamos estar, presos del temor a tomar una decisión. Posiblemente esto ocurra por pensar demasiado en los otros antes que en nosotros mismos, o por no querer ver nuestros defectos. Pero hay otros finales que son un salto al vacío, quizás esos sean los más responsables y los más valientes, porque uno elige saltar, romper estructuras tan íntimas que son difíciles de expresar; nos soltamos deliberadamente confiando en que estamos siguiendo nuestro corazón, aunque duela, aunque nos equivoquemos, nos hacemos cargo, dejamos atrás lo conocido, no vemos a dónde vamos a llegar pero el alma nos exige que lo hagamos y ya no podemos volver atrás. Todo final, siempre, irremediablemente, marcará nuestra memoria a fuego. Todo final nos conducirá a la victoriosa y sanadora verdad: Ya no volveremos a ser los mismos, Empezaremos a Ser.

48076627_2235559816477016_6111043618103885824_n

Deja un comentario