Perdonar.
Responder a alguien que te ofende con ira u odio afecta a tu salud, envenena tu corazón, mata tu paz interior y te seca de amor y felicidad. Unas sabias palabras dicen: «¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona». Si no perdonas, no puedes olvidar. Si no olvidas, no vives en paz. Y sin paz, tu amor no fluye. Comprende que es tu ego el que se siente agredido, de ahí que uno de tus grandes aprendizajes sea perdonar al instante cuando alguien te ofenda directamente. De hecho, desarma ese momento con un magnífico silencio mirando fijamente a los ojos de la persona que te ofendió mientras le dices mentalmente: «Yo te perdono en el nombre de Dios». Y si puedes, te das media vuelta y te vas. Con ello no tan solo lograrás que no aumente ni se prolongue el conflicto, sino que también te evitarás muchos disgustos en la vida.
